jueves, 4 de febrero de 2010

Lo que siempre quiso saber sobre Heisenberg


Hay asuntos que nunca logré entender completamente, pero logré hacerme una idea leyendo algo por aquí y por allá. Eso me sucedió por ejemplo, con el principio de incertidumbre de Heisenberg que según entiendo, postula la imposibilidad de conocer simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula subatómica. O, dicho de otro modo, la precisión que pudiéramos obtener de su velocidad implica la imprecisión en su posición. Una cosa o la otra. Y, tal vez lo más importante, es que no se trata de un cuestión práctica que la tecnología pudiera resolver a futuro. Va mucho más allá (¿o más acá?): esta cuota de incerteza señala una propiedad ineludible del mundo físico, fórmula incluida.

Pero nunca tanto...

El facultativo dirigía una fundación contra la epilepsia, sin fines de lucro, naturalmente. Como es de suponer, no carecía de vocación de servicio, en suma, era una buena persona, pero se consideraba a sí mismo un sabelotodo y si se llegaba a poner en duda alguna reflexión suya con la que acababa de deslumbrar a la audiencia, inmediatamente replicaba y se podía asistir a un diálogo como el que sigue:
- Pero si lo dice González...
- ¿Que González?
-González, pues en su libro... famoso...
Y como nadie conocía a González, nuestro personaje se quedaba tan prisco, porque, anulado por la autoridad, nadie intentaba la pregunta obvia: y quién es González. No se podía. Te arriesgabas a quedar como ignorante.

Así sucedió con este humilde narrador cuando tuvo que acercarse a la fundación para ofrecer sus servicios en la edición de unos cuantos folletos, dato que le llegó por intermedio de un amigo, quien aprovechó de informar a este probable editor de la vocación didáctica del facultativo, contándole de las innumerables oportunidades en que se dio el diálogo ya descrito.
Así que se puede decir que estaba perfectamente enterado de la tendencia del personaje a maravillar a los demás e incluso esperaba que me hablara de algún editor "famoso", o que sentara alguna tesis ortográfica "basada en las investigaciones de Pérez". Como estaba claro, mi gran error hubiese sido preguntar: Pérez, ¿qué Pérez? No. Más bien iba preparado para replicar: Ah... sí, Pérez... grande Pérez, extraordinario lingüista... cómo no. E incluso, si quería jugar, podría agregar a algún Osorio o Gutiérrez o hacer mención no a Pérez solito sino al excelente volumen escrito en unión con Rubilar. Es decir, haberle tirado por la cabeza a la dupla Pérez y Rubilar, sin contemplaciones. En suma, iba preparado. O eso creía.
La primera reunión transcurrió sin problemas. Esencialmente técnica, no apareció Pérez ni González. La segunda tampoco pero la tercera -cuando debía concretarse la fecha de pago- se complicó. Resumidamente, había una fecha probable pero ninguna certeza. Fui a cobrar en la fecha probable y como solo se trataba de una probabilidad no hubo pago. Y la incerteza se prolongó. Cuando fui a preguntar que cómo aquello era posible, cómo era que no podía saberse cuándo, siendo él la cabeza directiva, ya algo molesto, me arrojó sin piedad todo su bagaje científico:
-Bueno, pues. Se le pagará, no lo dude... Si lo que no sabemos es cuándo... Hoy no podemos saberlo, pero ya lo sabremos-. Hizo una pausa y agregó: -El principio de incertidumbre de Heisenberg, pues. ¿Lo conoce?
Caí como un pajarito. Mi remota familiaridad con el fotón que intenta "iluminar" una partícula subatómica no me sirvió de nada. Quedé desarmado por completo.
Ya en la calle, sólo pude reírme.
No pasó mucho tiempo, y me pagaron.

TIP DE LA SEMANA:
El Mercurio, Artes y Letras, página 1, Febrero 6 de 2010. Bajada de título:
"De norte a sur del país abundan las riquezas patrimoniales a las que no se les han dado la dignidad y el cuidado que se merecen."
Corríjase por:
De norte a sur del país abundan las riquezas patrimoniales a las que no se les ha dado la dignidad y el cuidado que se merecen.

martes, 26 de enero de 2010

El jefe editorial


El corrector llega todos los días a su trabajo mal pagado, se ubica en su escritorio y le da a la lectura de cosas ajenas durante 8 horas, almuerzo de por medio, con cargo a su bolsillo. No ocupa el diccionario porque le da lata y le importa tres cuescos que el texto salga impecable.
Todo esto ya lo sabemos.

De lo que no se sabe mucho es del jefe o jefa del corrector. Se esperaría que fuera una bala en la corrección de textos, un exégeta, un señor de la ortografía, sintaxis y afines. Hermeneuta, te saludo.

Pero no. No es así. Y ya lo había advertido claramente el señor Peter hace como cincuenta años: la jefa editorial llegó hasta el cargo que hoy desempeña justo cuando se estimó que su nivel de incompetencia sería ese y no otro por muchos años, hasta que se jubilara o la jubilasen.

Y he hablado de una dama, porque por esas cosas de la vida, me tocó estar presente en una pequeña reyerta protagonizada por la señora que hacía de jefa al interior de una editorial que lleva por nombre una palabra quechua o aymara (qué tierno), orientada al rescate de algo así como "la memoria histórica del país", poco más o menos. Lo más singular de todo fue escuchar la pregunta inocente que surgió después de que el conflicto se hubo superado: la guinda de la torta. Pero vamos por partes:

Los personajes son, por orden de aparición:

Este humilde narrador, en su modesto papel de compositor de páginas, testigo mudo.
Bruno: colega estricto del narrador, cumple mismas funciones.
Silvia: la jefa editorial.
Carlos: jefe directo del narrador, subordinado de Silvia.

La acción transcurre en el taller de diagramación.

Hará unas horas, Bruno, quien lleva años en la empresa, ha cometido el error de aceptar instrucciones poco claras para su trabajo, indicadas por Carlos. Bruno es algo indolente y, siendo como es, un trabajador antiguo y de confianza, no le ha dado muchas vueltas al asunto y se ha volcado a su pega sin hacer olitas, a ver qué sale.




Escena Uno
(Amaro y Bruno trabajan calladamente en sus respectivas estaciones de trabajo. Hace su ingreso Silvia, taconeando firme, resueltamente. Viste traje sastre. Observa con alguna desconfianza el trabajo de este narrador, mirando de soslayo la pantalla del PC, y luego se dirige a Bruno)


SILVIA

¿Cómo va eso?

BRUNO

Algo lento

SILVIA
¿Cómo que lento? ¿Y por qué?


BRUNO

Tengo dos originales distintos. No sé a cuál hacerle caso.

SILVIA
(a punto de estallar)
¿Cómo que dos originales? ¿De dónde los tomó?

BRUNO

Carlos… Carlos me entregó el trabajo esta mañana.

SILVIA
(Se vuelve sobre sí misma, cae sobre este narrador una mirada que lo fulmina… un testigo inoportuno…)
(Suena un teléfono, Silvia se abalanza sobre él y lo coge)
Sí, aquí estoy… sii… ¿la tienes ahí en línea? (pausa) Bueno, pásamela… Ah! y dile a Carlos que lo necesito aquí en el taller (pausa)
Mamá… sí, estoy algo ocupada… tenemos un problema… Mamá, mamá!! mamá!!!
(ha perdido toda compostura)
¡Mamá! ¡NO ME HABLES CUANDO YO TE HABLO!
Okey, okey…. Hasta luego
(Corta. Regresa enfurecida donde Bruno. Se ha cruzado de brazos. Da con el pie golpecitos en el suelo.)


Escena Dos
(Aparece Carlos, los ojos muy abiertos y se detiene en el umbral con ambas manos apoyadas en el marco de la puerta y avanza el tórax como si no se decidiera a entrar)

SILVIA
Carlos, ven aquí.

CARLOS

(Traspasa el umbral, tropieza con una silla, finalmente está ante el escritorio de Bruno. Tiembla de pies a cabeza)
¿Dime?

SILVIA

Dime tú. Dime qué pasa con este libro
(Silvia le ha indicado a Bruno con un gesto que le deje su asiento, donde toma posesión y trata de manipular el mouse e interactuar con el software. No sabe hacerlo. Levanta la mirada y urge a Bruno que le indique cómo. Bruno accede graciosamente y luego se desplaza hacia atrás y permanece en silencio: el conflicto salió de su territorio. Un muchacho sabio)
¿Por qué hay dos originales?

CARLOS

(Se le ha pasado algo la temblequera)
Bueno, ya lo vimos esta mañana. El autor no corrigió lo que le enviamos sino que mandó de vuelta otro original. Quedamos de comunicarnos con él durante el día y decidimos que Bruno interviniera en los errores básicos hasta que nos comunicáramos. Tú quedaste de llamarlo.

SILVIA

(Haciendo caso omiso de esta información. Está muy enfurecida. Se controla con dificultad)
¿Tú sabes, Carlos, tú sabes de qué trata todo este asunto? (Pausa)
¿Tú sabes, Carlos, que ésta es una edición conjunta con la UNAM?
¿Sabes lo que significa eso para nosotros?

CARLOS
Sí, lo sé, pero… (lo interrumpe Silvia)

SILVIA

¿Tienes una idea del compromiso que esto involucra?

CARLOS

Sí, Silvia, pero…

SILVIA

Carlos, hay que hablar con el autor… cuanto antes.

CARLOS

(balbuceando)
Tú quedaste…

SILVIA
Carlos, escúchame. Esto es un problema de e-di-ción… E-DI-CION
(dice “edición” como si dijera “once dimensiones” hablando de un universo afín a la teoría de cuerdas)
¡E-di-ción!
(repite, golpeando ahora el piso con los pies)

CARLOS

Sí, Silvia
(Silvia sigue reclamando el compromiso de Carlos y éste pareciera no tener a mano otra expresión que no sea: Sí, Silvia, que repite insistentemente, aunque cada vez más bajito mientras Silvia lo toma del hombro y hacen mutis)
(Antes, se ha vuelto hacia Bruno y dicho:)

SILVIA
Deje eso...
(saliendo, más calmada, a Carlos, casi con ternura, se entendería que para limar asperezas)
Carlos... ¿Cómo se escribe "de repente"?

martes, 12 de enero de 2010

El diccionario de Word






No se vaya a creer, por favor, que me he coludido con Bill Gates. Nada más alejado de eso. Sucede que no termino de sorprenderme por la casi nula utilización que escribidores de todo tipo hacen de las herramientas de corrección con que cuenta la aplicación Word de Microsoft. No se pueden imaginar el inmenso provecho que permite obtener y las erratas que se pueden evitar mediante un simple click. Y al decir lo que digo estoy haciendo referencia sólo al Diccionario, artilugio básico que le impedirá escribir por ejemplo "persecusión" (error muy común si queremos subrayar que se trata de una persecución formidable, que le lleve bombos y platillos) ¿Por qué? Porque la palabra persecusión no existe. Tan simple como eso.



Pero no se vaya a creer que las instituciones serias, como por ejemplo, las editoriales transnacionales sí hacen uso de esta herramienta elemental. No, señor. Y para muestra un botón, tras una reciente lectura:



"a nadie lo tiaraban al agua".


(Editorial Anagrama, "El regreso", novela. Autor: Bernhard Schlink. Página 39)




De haber hecho uso del diccionario de Word, éste, sin altisonancias ni pretensión alguna, le habría preguntado simplemente: ¿no será "tiraban"? Hecha la corrección, estaríamos todos contentos: Anagrama, Schlink y los lectores. Sobre todo los lectores, pues me temo que no faltará el atento y considerado usuario que, rendido ante el prestigio de Anagrama se ponga a buscarle la quinta pata al gato, preguntándose si tiarar no tendrá por significado algo así como encajarle una tiara a alguien, ceremonia ancestral europea que podía realizarse de varias maneras, o con distinto estilo o procedimiento, entre ellos, por ejemplo, "al agua", como quien dice "al vapor" si se trata de cocer choritos, aquí en Chile, o "a la parmesana" si queremos atiborrar con queso algún manjar. Ahora bien, el significado preciso, real y concreto de la expresión "tiarar al agua" se nos escapa.


Pero el diccionario no es omnipotente. No, señor. Aun cuando le lleva un corrector de gramática, no le habría servido de mucho al personal encargado de redactar el avisaje de la Universidad San Sebastián.


La Universidad-universitas-universo, depositaria del conocimiento universal, interpela a su nicho de mercado llamándolo a participar de una tarea noble, la transformación de la educación. (Claro, también pudiera entenderse que están pidiendo ayuda pa' ellos mismos.)



"Bienvenidos a los que quieran cambiar la educación en Chile"



(El Mercurio, Artes y Letras, un domingo de enero, página 17)



Ok. Distinguidos académicos de la Universidad San Sebastián, ahí les va mi granito de arena:
Corríjase por:


"Bienvenidos los que quieran..."











lunes, 11 de enero de 2010

Error fatal




Hace un par de años o menos, un niño murió como resultado de la aplicación errónea de un medicamento. El responsable alegó que el procedimiento se ajustó a lo indicado en un Manual, autorizado, refrendado y bendecido por el Hospital donde ocurrieron los hechos. Y efectivamente así era. Lo desgraciado del asunto es que el manual contenía un error inaceptable pero muy común: donde dice "por segundo" (en realidad, "/seg") debía decir "por minuto". De modo, pues, que la dosis que el paciente debe recibir en sesenta segundos, fue administrada en uno. Como quien dice, al paciente se le dio el medicamento de un solo guaracazo. El cuerpo del niño no lo resistió.





Algo similar -sin consecuencias fatales, por cierto- estuvo a punto de ocurrir con un texto de medicina que, antes de partir a imprenta, necesitaba de la incorporación de un par de comas y algo más; en suma, tres o cuatro modificaciones insustanciales en un texto de 400 páginas, que este humilde narrador había diagramado pero no corregido.


Talvez porque Dios es grande, en la primera página del capítulo dedicado a la Hepatitis A, se pedía una correccioncita intrascendente. La saludable costumbre de leer el párrafo completo hizo que me detuviera ante el siguiente texto:


"El virus de la hepatitis A mide alrededor de 30 mm".


Vaya, vaya. Treinta milímetros. Para qué tanta ciencia, me pregunté, si bastaría con aforrarle un zapatazo. Algo anda mal aquí (no es por nada, pero el personaje del hospital arriba mencionado, debió hacer intuido algo parecido). Informé a la editorial. Quedaron de llamar al médico autor del trabajo. Al rato recibí la instrucción de cambiar "mm" por "nm".


¡Son nanómetros, no milímetros! me gritaron al teléfono. Ok. Corríjase.


Fue un gran aporte, desde luego. Editorial Mediterráneo, especializada en textos biomédicos, no se cansa de agradecérmelo, hasta el día de hoy.

viernes, 8 de enero de 2010

Matemáticas inexactas - Parte II

Siempre se alega urgencia por los errores cometidos en la edición de textos. Como no es el caso, continúo tan campante con el objeto digital "Elevando a potencias de -2 y -3", disponible en la red para el apoyo docente que, desde ya, se agradece.
En la sección Practicar, ejemplo 3, el niño de 8° año básico, transformado ya en avezado calculador de potencias con exponente negativo, se ve enfrentado a una situación mágica que debe resolver con herramientas concretas:
Una niñita compró, pongamos, 16 manzanitas (expresadas como potencia de 4, es decir, "4 elevado a 2"). Pues bien, hete aquí que en el camino a su casa, algo sucede que termina llegando a ella con "4 elevado a -2" manzanitas. Ahora bien, ambas potencias están expresadas matemáticamente, es decir, al lado del 4 hay un dos pequeñito en un caso y un -2 en el otro, por lo que la primera pregunta es de una legitimidad absoluta: ¿la niñita llegó con más o menos manzanas a su casa? Buena pregunta, sin duda, el problema surge cuando se le pide que calcule con cuántas manzanitas llegó finalmente a su casa. Respuesta insólita pero matemáticamente correcta: llegó a su casa con ¡oh, sorpresa! 0,0625 manzanas. La niñita no podía creerlo. Observó un rato la porquería de pedazo de manzana que le quedaba y luego se la zampó de un zuácate. Magia.
¿No se les pudo ocurrir un ejemplo menos práctico?


Miscelánea:
"Al dividir de potencias de igual base". Debe decir: "al dividir potencias de igual base".
Un buen número de "restas", como por ejemplo 3-5, no son tales, el -5 es el exponente y debe ir, como de costumbre, más pequeñito y elevado por sobre el 3. Esta desaplicación se presenta en 6 oportunidades.
Para no cansar, termino con las expresiones matemáticas a pantalla completa de la sección ¡SINTESIS!, es decir, sección donde el alumno consolida lo aprendido.
Pero son apenas cuatro (el monito del encabezamiento muestra uno de ellos):

Síntesis de lo aprendido, es decir, métaselo bien en la cabeza y no lo olvide jamás:

1. "a elevado a menos 2 es igual a 1 dividido por a elevado a menos 2". Lo mismo para "menos 3".
2. En un "globito", la profesora dice que "4 elevado a 2 es igual a 1 dividido por 16". No contenta con esta conclusión mezquina, agrega muy ufana: "4 elevado a 3 es igual a 1 dividido por 64".

jueves, 7 de enero de 2010

Matemáticas inexactas para escuelas públicas



No era para nada mi intención inicial, pero la red Enlaces, el Mineduc, la U de la Frontera y un portal para profesores -coautores del despropósito- me obligan a comenzar esta cruzada anti erratas con el lenguaje, pero de las matemáticas. Los niños del mañana habrán de agradecérmelo. En este minuto, se los está deseducando.


Y como el asunto da para largo, por el día de hoy me remitiré a las primeras páginas electrónicas del "recurso educativo digital" que lleva por título "Elevando a potencias -2 y -3". (Que se puede bajar de la red gratuitamente, concedámoslo).



  1. A la calculadora que habla como muñeco (ingeniosísimo) deben decirle que cuando ve escrito un 3 y a su lado, desplazado hacia arriba, un 6 más pequeñito, debe decir: "tres elevado a seis" y no "treinta y seis". Lo mismo sucede más adelante con un 3 y un 9.

  2. Está bien, son niños de 8° básico, pero en algún momento habrá que decirles la verdad: los rectangulos no existen, pero sí los rectángulos.

  3. Lo mismo con "centrimetro", del que pudiera pensarse que se trata de un neologismo con el oscuro significado de metro céntrico o central... No, no, debe decir "centímetro". Un poquito más allá, nos volvemos a sorprender con esta exquisitez:

    "...un centímo equivle a..."

    Confieso que dudé: este trabalenguas pudiera ser parte integrante de nuevos métodos de enseñanza que desconozco, pero a las finales creo que no, creo que simplemente se intentó poner: "un centímetro equivale a" pero por alguna razón no se pudo.


  4. Y termino (todavía queda mucho paño que cortar) por hoy con dos pequeñas joyas:
    No lo recuerdo bien, no sé si es la calculadora gangosa o, por el contrario, una agradable voz femenina (la profesora?
    una profesora que derrocha entusiasmo? con esos sueldos?) quien dice muy suelta de cuerpo, primeramente, que:
    "un centímetro equivale a diez menos dos metros" para luego rematar con que:
    "cero menos dos es igual a dos", expresión que, para desgracia de nuestros niños, queda también grabada en sus retinas: Observan en pantalla un enorme cero, signo menos, número dos, signo igual, número dos...
    ...................................................................................

La Red Enlaces es un enorme y grandioso paso para disminuir la brecha. No lo dudo. Pero ¿no podrían ser un poquito más cuidadosos?


Continuará...