
Hay asuntos que nunca logré entender completamente, pero logré hacerme una idea leyendo algo por aquí y por allá. Eso me sucedió por ejemplo, con el principio de incertidumbre de Heisenberg que según entiendo, postula la imposibilidad de conocer simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula subatómica. O, dicho de otro modo, la precisión que pudiéramos obtener de su velocidad implica la imprecisión en su posición. Una cosa o la otra. Y, tal vez lo más importante, es que no se trata de un cuestión práctica que la tecnología pudiera resolver a futuro. Va mucho más allá (¿o más acá?): esta cuota de incerteza señala una propiedad ineludible del mundo físico, fórmula incluida.
Pero nunca tanto...
El facultativo dirigía una fundación contra la epilepsia, sin fines de lucro, naturalmente. Como es de suponer, no carecía de vocación de servicio, en suma, era una buena persona, pero se consideraba a sí mismo un sabelotodo y si se llegaba a poner en duda alguna reflexión suya con la que acababa de deslumbrar a la audiencia, inmediatamente replicaba y se podía asistir a un diálogo como el que sigue:
- Pero si lo dice González...
- ¿Que González?
-González, pues en su libro... famoso...
Y como nadie conocía a González, nuestro personaje se quedaba tan prisco, porque, anulado por la autoridad, nadie intentaba la pregunta obvia: y quién es González. No se podía. Te arriesgabas a quedar como ignorante.
Así sucedió con este humilde narrador cuando tuvo que acercarse a la fundación para ofrecer sus servicios en la edición de unos cuantos folletos, dato que le llegó por intermedio de un amigo, quien aprovechó de informar a este probable editor de la vocación didáctica del facultativo, contándole de las innumerables oportunidades en que se dio el diálogo ya descrito.
Así que se puede decir que estaba perfectamente enterado de la tendencia del personaje a maravillar a los demás e incluso esperaba que me hablara de algún editor "famoso", o que sentara alguna tesis ortográfica "basada en las investigaciones de Pérez". Como estaba claro, mi gran error hubiese sido preguntar: Pérez, ¿qué Pérez? No. Más bien iba preparado para replicar: Ah... sí, Pérez... grande Pérez, extraordinario lingüista... cómo no. E incluso, si quería jugar, podría agregar a algún Osorio o Gutiérrez o hacer mención no a Pérez solito sino al excelente volumen escrito en unión con Rubilar. Es decir, haberle tirado por la cabeza a la dupla Pérez y Rubilar, sin contemplaciones. En suma, iba preparado. O eso creía.
La primera reunión transcurrió sin problemas. Esencialmente técnica, no apareció Pérez ni González. La segunda tampoco pero la tercera -cuando debía concretarse la fecha de pago- se complicó. Resumidamente, había una fecha probable pero ninguna certeza. Fui a cobrar en la fecha probable y como solo se trataba de una probabilidad no hubo pago. Y la incerteza se prolongó. Cuando fui a preguntar que cómo aquello era posible, cómo era que no podía saberse cuándo, siendo él la cabeza directiva, ya algo molesto, me arrojó sin piedad todo su bagaje científico:
-Bueno, pues. Se le pagará, no lo dude... Si lo que no sabemos es cuándo... Hoy no podemos saberlo, pero ya lo sabremos-. Hizo una pausa y agregó: -El principio de incertidumbre de Heisenberg, pues. ¿Lo conoce?
Caí como un pajarito. Mi remota familiaridad con el fotón que intenta "iluminar" una partícula subatómica no me sirvió de nada. Quedé desarmado por completo.
Ya en la calle, sólo pude reírme.
No pasó mucho tiempo, y me pagaron.
TIP DE LA SEMANA:
El Mercurio, Artes y Letras, página 1, Febrero 6 de 2010. Bajada de título:
"De norte a sur del país abundan las riquezas patrimoniales a las que no se les han dado la dignidad y el cuidado que se merecen."
Corríjase por:
De norte a sur del país abundan las riquezas patrimoniales a las que no se les ha dado la dignidad y el cuidado que se merecen.





